La cartera de Mery Popins

Estaban sentados unos puestos más adelante del mío, en esos asientos de la micro que van al revés, entonces yo los observaba.

Me gusta averiguar de qué habla la gente, qué hacen arriba de la 507, para dónde van, cuando se bajarán, su vida familiar, hace cuanto tiempo compraron sus zapatillas y un millar de cosas más que a nadie suelen interesar.

Parecía que hablaban de música, de hecho uno de ellos tenía una guitarra afirmada fuertemente con sus manos, mientras el micrero poco se apiadaba de la gente que no iba sentada o ni aferrada de nada; algunas mímicas como de estar tocando la batería me hacían pensar que hablaban de música. Sí, definitivamente eso hacían.

Uno de ellos era hasta bonito, el que llevaba la guitarra, quizás era por eso que me fijé en él, los otros dos no estaban mal, pero ¿tendrían más años que yo?. No, no creo, quizás habían dado la PSU hace poco, ¡¿qué me pasa?! estoy muy vieja para andar encontrando "bonitos" a los "niños" que se suben a la micro.

De todas maneras los seguí observando, uno era bien desteñido y le hablaba y hablaba a su compañero, hacía gestos con las manos, qué se yo que le decía en ese momento.

Hasta que hablaban del calor, lo deduje porque uno hizo un gesto para que el rubio abriera más la ventana y éste se paró y la ventana no corrió. Luego se rió y algo le dijo a su compañero, algo que no necesité escuchar para reírme también al poco rato.

El rubio registra su mochila y saca algo que primero juzgué como una varilla, pero el loco la abre, sí, la abre y lo siguiente que hizo fue hechares viento con ese lindo e inesperado abanico.

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