De horas a minutos

Pensando, pensando, pensando...

Podría pasar horas mirando al vacío moviendo mi pierna nerviosamente de manera inconsciente. Buscando la respuesta, esperando comprender por qué las cosas no mejoran.

Siendo que un minuto que dedicase a hacer algo al respecto, sería la forma más efectiva para comenzar a arregarlo.

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I can't take my mind of you... (The Blower's Daughter - Damien Rice)

Todas las cosas suelen durar menos de lo que uno normalmente espera. Me he dado cuenta que entre más son las ganas que pones al tomarlas, más fácil se resbalan entre los dedos.

Mil y una opción se presentan, pero siempre el pensamiento deriva a lo mismo. La mente divaga en ello una y otra vez, sudan las manos y tiritan los labios cuando lo recuerdas.

Es realmente terrible no poder enfocar las actividades del día en otra cosa que no sea aquello. Es enfermizo.

De todas maneras encuentras como suplirlo, como revolcarte en otros pensamientos que te distraigan, pero no, no es lo mismo. Tú sólo quieres aquello.

Si no fuera porque no tenía la plata suficiente, yo me habría podido comer dos Italianos al almuerzo y no andaría pensando en palta ahora.

Sensaciones

Hace demasiado tiempo que no lo sentía.

Gritar locamente entonando una canción que me aprendí hace un año en un bus con dirección a una tarde ebria en la playa.

Para que fuera el otro día y cruzara los dedos implorando no salir en las noticias, o en Con-tac-to (tono de voz grave y seria).

Pero no, de hecho las tomas de cámara fueron para mis amigos de bus, de sala y de algunas historias casi viejas, con unos wiros en la cabeza saliendo del mar.

El punto es que ahí me vi, con las ampollas en los pies que me salieron el otro día, por andar creyendo que uno es mas libre por sacarse los zapatos. Y me vi, cantando abrazada con unos amigos que me quieren, otros que fueron mis amigos por la noche y otros que no saludaré el lunes.

Que rico es sentir que quieres hacer algo por cambiar las cosas.



Changes - David Bowie

Sin orden de prioridades

Quiero escapar
Quiero correr
Quiero vivir
Quiero morir un día, pensando en lo afortunada que fui, que soy.
Quiero reír
Quiero escribir algo alegre
Quiero saber pintar como Degas
Quiero besar, abrazar y acariciar. Todo al mismo tiempo
Quiero gritar
Quiero correr, saltar y bailar.
Quiero amar mientras odio.
Quiero sufrir mientras amo.
Quiero odiar mientras olvido
Quiero leer un libro y terminarlo
Quiero viajar
Quiero recordar en silencio mientras lo niego
Quiero querer mientras quiero
Quiero soñar
Quiero tantas cosas que no encuentro
Quiero saber buscar
Quiero sonreír y observar
Quiero respirar
Quiero subir un cerro y sentir que el mundo es mio
Quiero decirle que no al cigarro
Quiero decirle que no a muchas cosas...
Quiero llorar para nunca más hacerlo
Quiero dejar de esperar
Quiero tener
Quiero dar
Quiero fuego, guitarra, amigos, consuelo y un apoyo
Los quise, quiero y querré tanto por siempre.
Quiero darme una ducha caliente y dejar de pensar en lo que quiero.

Vicio

Era el último.

El encendedor que siempre guarda en el bolsillo izquierdo se le había perdido.

- ¡Puta! ya perdí la huea, lo voy a marcar - Se dice, como convenciéndose que al ponerle el nombre volvería a sus jeans por arte de magia.

Pide fuego.
Se sienta en las escaleras y se pone a esperar. No espera a nadie realmente, pero ahí no más espera.

Cuenta los segundos, mira su reloj, piensa en lo fome qué es ser paloma y lo terrible que debe ser perro en invierno, menos mal que ya es primavera.

Mientras mueve su pierna nerviosamente sin estarlo, ella tirita, pero porque tiene un muy mal pulso, y después de un suspiro de nicotina y muerte empieza a hacerlo aún más.

Así disfruta el disfrute de disfrutar mientras espera que se consuma su tiempo y el cigarrillo.

Se para. Lo tira al suelo y lo mira con lástima. De una suave pisada lo apaga y decide vivir.

- ¡Ya! Mañana lo dejo.

La medida justa

Entre los quince y los treinta y tantos, a veces más a veces menos. Se define por la necesidad de vivir. Sentir pasión, por lujuria, sexo, risas, amigos, secretos, mentiras, disculpas, escándalos, paciencia, nostalgia, llanto. Una etapa de infinito caos.

De los cincuenta para adelante, a veces más a veces menos. Una vez que lograste aguantar con el mismo colchón hundido durante años sin que te duela más la espalda. Se define con respeto, cariño; sí, también pasión. Sonrisas, paz, tranquilidad, compañía, miradas, gestos, complicidad. Son las palabras justas, ni más ni menos, pero con caricias de sobra las que se recuerdan.

¿Cincuenta menos veinte? Con treinta más que dure el caos, a veces más a veces menos. Para amar algún día que no sea hoy. No menos, pero sí mas.

Piedresillas entre los dedos

Me alegaban desde abajo. Me gritaban a todo pulmón mirando hacia arriba, que los dejara ir por las calles sin ayuda de nada. Me pedían, me suplicaban y me imploraban.

Después de unos minutos, enloquecí. Me dolían mucho las uñas como para no tomar una decisión.

Así que me saqué las chalas no más, y caminé con cuidado sobre el cemento tibio hasta mi casa.

¿Si alguien se fijó? No sé. Pero seguramente me miraron con envidia.

Una dedicatoria especial

Te encontré entre mi desorden, justamente cuando mi vida estaba más desordenada.

No sé desde que momento me dio por ti; por deslizarte entre mis dedos, por mirarte mientras ordeno la lluvia de ideas que termina en una tormenta de risas y música.

Me cautivaste con tu suavidad y aún me sorprendes con los delicados detalles que dejas tras de ti en cada momento, en cada segundo que pasa y sin perder el hilo.

Dejas huellas en mi piel, de esas que no son tan fáciles de quitar con agua.

Las lágrimas que más de una vez he derramado contigo han hecho que parte de ti se difumine junto con mis secretos.

Desde que te encontré me di cuenta lo mucho que te había extrañado. Gracias por poner color a mi vida, gracias por armarte de paciencia, gracias por guardarte antes de que yo diga nada, y estar dispuesto a decir lo que a mi no me sale por la garganta; gracias por dejar las huellas de mi pasado en esas hojas amarillas que espero queden ahí hasta que mis tatartataranietos las lean.

Si no fuera por ti, nada de lo que anteriormente se ha leído podría estar aquí hoy.

Para mi lápiz de incondicional tinta verde que un día me tentó en una tienda y que seguramente le queda menos de dos meses de vida, uno quizás después de esto.
Por ti y para ti esto que he escrito hoy.
Con amor, tu dueña.

Viento


Fue una ventolera de esas que hacen asomar la cabeza por la ventana para asegurarse que la casa aún está pegada al piso.

Un de esas que hacen desear que con la misma facilidad con que hizo y deshizo un remolino de polvo que amenazó a unos niños jugando en la calle; haga y deshaga todo lo que anda mal...

Desde las muñecas



De cincuenta muñecas en la colección, algunas decapitadas, otras recién salidas de "La Peluquería", lo que significaba siempre un corte desastroso de un pelo que jamás crecería.
De esas decenas de Barbies es donde surge el problema; cuando para ellas teníamos un solo Ken.

¡Uno solo para todas!

Aceptábamos entonces, inconscientemente, ir todas tras el mismo, meternos con el mismo, perdonar cien mil veces a ese mismo y además en vez de culparlo a él eran las muñecas las que se tiraban de las mechas, peleándose, que la ley del hielo y teniendo Kellys sin padre reconocido.

Si me hubieran comprado más Ken, no aceptaría lo que hoy encuentro algo natural.