...Eso creo.

Sí, a veces siento que no da más y muero todos los días un poco. No tengo a quién decírselo... Mentira, MENTIROSA. Tengo a muchas personas a quién contárselo, pero ha pasado tanto tiempo que cierro la boca y me callo. Me callo para siempre. Me quedo. Llega un momento en que muchas cosas se dicen, pero ya no se dicen con los labios, se dicen con cada acto, cada momento en que muero lo digo. Quién lo escucha, quién lo entiende. ¿A cuántas personas he dañado en mi vida? No quiero esto. No quiero lo otro. Por qué lo hice. Por qué soy así. PORque soy así. Tan inepta, tan dejada, tan silenciosa, tan explosiva, impulsiva, tonta, ridícula, mensa yo... Yo no me importó, siempre me ha sido muy fácil cuidarme sola, pero eso es porque no me cuido. No sé cuidarme, las nueve pastillas al día me matan un poco, todos los días hacen que esté mejor, que no de vida a uno que no quiere vivir, que no me tiriten las manos por falta de algo, que no me quede dormida en todas partes, pero no me ayudan a sentir que no quiero quedarme tirada todo el día durmiendo, a que no me tiriten mas manos cuando pienso cosas y a que cuide que ese otro no venga. El alcohol es una manera de escape... mentira, MENTIROSA. No claro que no, yo no huyo, yo me quedo estoy harta de quedarme aquí siempre, simplemente porque no encuentro la manera de que todo sea mejor. Sí ya está tan bien. Todo es perfecto, la gente es perfecta todos los días, todos cambian, todos aman, todos besan, todos tocan, todos ayudan, todos todo. Todo lo que done es bueno, todo lo que ría es mejor, todo lo que proyecte, lo que cambie, cambiar, cambiamos, CÁMBIAME. Pero no, no es tán fácil. Todos todo, pero no todos perdonan. Lo sé y qué importa no? Sí... cuando me quedo sola me doy cuenta que con los dedos de la mano se cuentan los que nunca me juzgaron. ¿Estás entre esas personas? ¿Quién eres tú?
No soy mala, sólo que no soy perfecta, los errores ocurre y lo quiero te quiero TE QUIERO TE QUIERO. A él lo odio... si tú sabes quién, sabes a quién odio, y ya no lo odio por todo lo que me hizo llorar, no lo odio por sentir que me merezco haber llorado así, no no no, lo odio porque soy igual a él. Soy tan igual a tí, mierda, que cometo los mismos errores que tu. Estúpido nunca te juzgue, no lo juro que no, nisiquiera a ti, después de todo creía que algo podía haber... para... esto. Para todo. Pero yo ni al espejo puedo mirarme. NADA. IMBÉCIL.
Lo importante no radica en él, ni en mi, ni en ti, ni en nadie, ¿es importante? ¿cuán importante es que este muriendome todos los días como una enferma que no quiere seguir con esto?. Sí, señoR SEÑOR tengo mas miedo que la mierda, miedo de mi de todos de todos esos que todo son que todo hacen bien y que todo a cada momento no me perdonan. Miedo mamá miedo abuelos miedo papá miedo a los autos a la carretera a las notas al tiempo perdido a las cosas en vano al momento en que no vivi, qué... si muero eso hago me muero?... Noooooo no me muerooooooo. Soy así
Yo la mongólica, tonta, ridícula, impulsiva, enamoradiza, engrupida, alegre risueña sensible gritona, porque porrazo tras porrazo he sido así pero nunca ha sido mi intención serlo, nunca ha sido mi intención ser nada. INTENCION mierda intención, cómo puedo tenerlaaaa como puedo tenerla nadie creería eso, pero no es suficiente, se que jampas sería suficiente. Pero es así asi soy asi intento ser mejor todos los días por ti, todos los días después de cada pastilla pienso en lo mejor que quiero ser, todos los días que me siento a escribir que leo lo que te digo en serio soy mejor por ti solo por ti pero no puedo ser perfecta porque nunca pensé que cambiaria por ti no por tiiii nunca por alguien. ¿Cuán difícil puede ser querer? es más complicado que la cresta.
No tienen por qué creerme, nadie tiene por qué, qué me importa ya lo que crean, cuando me ha importado, la última vez que me importó casi tiro a la basura lo único de este momento que vale la pena, una mierda cuando te dicen cómo llevar tu vida, terminas haciendo cosas que no quieres, terminas viviendo como la mierda que nunca quisiste ser, no hagas caso deja de escuchar consejos de personas a quién jamas jamas jamas se los pediste, por qué ¿yo soy así? digo lo que hay q decir cuando tengo q decirlo, ni antes ni menos después, si el momento no fue no fue mala suerte, se me olvida, no se te va a olvidar nunca por la cresta, cuán difícil puede ser.
CUAN CUAN CUAN CUAANTO MAS... no más.

La hora pick en la que nadie existe

Son las seis de la tarde en un día de semana, uno cualquiera, de lunes a viernes. Los colores en el cielo empiezan a cambiar, no sólo el atardecer otoñal se aproxima, también el comienzo de la hora pick. El tráfico es cada vez más molesto, los conductores están molestos, los que esperan en las esquinas el monito verde están molestos, incluso el rojo del semáforo con su incandescencia parece estar molesto y el cielo gris del cielo no parece mostrarnos un panorama mejor. Es la hora de una piedra en el zapato.

El aire aún es tibio y aunque no hace frío el ambiente ya tiene su color otoñal. Se ven manchas amarillas en las veredas, huele diferente, es todo más húmedo de lo normal y los árboles se tambalean con el suave soplar del viento. Pero nadie en los autos lo nota, nadie ensimismado en su mp3 se da cuenta, nadie vive su ciudad.

El Museo de Bellas Artes es imponente, más que cualquier taco, más que las personas apuradas, más incluso que el mismo Parque Forestal. Ahí está, como un gigante que contrasta con las nubes amenazantes de lluvia temprana. Un gigante que nadie ve, que a nadie sorprende con su extraordinaria altura, belleza, historia. Está solitario entre tanta hora pick, entre el tumulto de almas molestas por la hora, por el frío, por el tráfico y por el “paco” de la esquina que da indicaciones que nunca ayudan, solo demoran su llegada a casa.

El vendedor de dulces Suny se pasea con constancia, una y otra vez, en cada luz roja pasa sin ser visto por cada mirada impaciente de los conductores esperando que la luz del semáforo los acerque unos segundos más, un par de metros más cerca a su hogar con su verde esperanzador.

En las veredas la gente camina corriendo. Nadie mira a su alrededor, nadie es cociente de la belleza de un atardecer en la ciudad, de los matices, de los colores, de las personas que caminan junto a ellos. No observan un parque forestal atestado de enormes árboles donde incluso una Araucaria se puede ver desde la vereda del frente. A ninguno parece importarle lo lindo que es Santiago.

Los bocinazos y los pitazos del carabinero resuenen en la densidad del ambiente al que nadie presta atención, ruidos de camiones, los gritos del vendedor de Superocho y parejas de personajes que conversan mientras salen del museo o cruzan la calle. Es como si el ruido se fuera al vacio, como si no existiera, hace recordar esa pregunta que dice, “Si un árbol se cae en el bosque y nadie lo ve jamás, ¿el árbol se cayó realmente?”.

Eso pasa, es como si los momentos no existieran, están muertos, no porque los maten con críticas o malos pensamientos, sino porque no alcanzan a nacer en la mirada de algún observador. Las luces destellantes no son, la ciudad activa como una jungla que tiene algo que decir, no es. Las personas estresadas que piensan en cómo mejorar el mundo, no existen detrás de la molesta hora pick. Sólo hay bullicio silencioso sin una razón de ser.

Sólo un par de personas entre tanta multitud de zombis parece existir. Se sentaron a descansar sin darse cuenta que con su pausa en el tiempo generan un momento de realidad dentro de tanta superposición de eventos sin atender. Bajaron por las largas escaleras del museo y se sentaron en las bancas que lo rodean a conversar, a hacer silencios y observar. Saben lo que pasa a su alrededor en ese momento, son consientes de la ciudad.

Sólo dos personas entre tantas otras que están en los cuarenta autos que pasan por cada semáforo en verde, entre las treinta personas que a simple vista parecen pasearse por las veredas cada vez que la luz cambia de color, sólo dos de todas esas deciden parar un momento para mirar qué es lo que pasa ahí, en su vida, en la de todos los demás.

Ven la impetuosidad del Bellas Artes, la Araucaria en la vereda del frente, las caras molestas de los conductores y las manchas luminosas que contrastan entre tanto gris. A lo lejos el carabinero que dirige en tránsito no encaja con el malabarista que aprovecha cada señal de detención para comenzar su frustrado intento de sorprender a las personas con su increíble coordinación entre el baile de las clavas y el dominio de una pelota de fútbol.

No consigue sonrisas ni los aplausos que cualquier artista merece, sino que una estirada mano que le entrega cien pesos, más que por el goce es más buen por la responsabilidad solidaria del chileno, caridad hastiada.

El cielo cambia de pronto su tono grisáceo a un azul marino y el anochecer amenaza con llegar rápidamente. Los autos siguen en su lento andar y las personas en su caminar de maratón. Las dos excepciones a la regla comentan que se pone helado y deciden emprender su marcha.

Desde el otro lado un joven activo reparte el programa cultural del mes de mayo, pide un aporte voluntario para sustentar las impresiones y probablemente su pasaje de la micro. Él también camina rápido, porque quiere llegar a su casa, al calor de una cama con guatero o un programa de televisión aburrido. Quizás tiene que estudiar o terminar un trabajo, pero es claro que quiere dejar lo que está haciendo para sentarse en un lugar a descansar.

Otra pareja de amigas se sienta en una banca más allá. Se fuman un cigarro y crean con su momento otro espacio de existencia a su alrededor. No se ven apuradas, no parecen estar preocupadas por el tiempo, por al tráfico ni por las caras de molestia de todos a su alrededor. Pero tan pronto cae la última ceniza de la colilla, se van. Con la misma calma con la que llegaron.

Otro bocinazo que no distrae a nadie más que al vendedor de Superocho que corre apresurado para vender lo suyo. Camina a paso rutinario, de esquina a esquina, a lo largo y a lo ancho vendiendo, esperando en llegar con algo más a su casa. Porque él también tiene cara de querer irse pronto.

En lo alto ya no quedan rastros ni de azul ni de gris porque la oscuridad lo abarca todo menos las calles iluminadas por los faroles y automóviles. Hace más frío y la señora de pelo corto y piernas cansadas por los tacos, pero no menos apresuradas, se pone la chaqueta del traje de dos piezas que lleva puesto.

Camina al metro, con un bolso grande que además de voluptuoso se ve pesado. En la estación de Bellas Artes, baja por las escaleras que la conducen al adiós de la ciudad en un anochecer cualquiera. Le da la espalda a lo lindo que es Santiago al igual que todos los demás que se sumergen para irse a sus casas de una buena vez.

"La conocí hace como cinco años, mi vecina"

"Decididamente es decidida. Analiza siempre sus opciones una por una, aunque siempre tiene absolutamente claro que es lo que quiere y cómo lo quiere. Detrás de una estatura ocho centímetros mayor a la del promedio chileno se esconde el sentido práctico en su máxima expresión. Nada de complicaciones y ni desvaríos que alteren de alguna manera su forma de vivir, a ratos un poco holgazana. No se molesta por pequeñeces ni se preocupa a no ser que la cosa sea de vida o muerte. Su tranquilidad tiene un precio muy alto y pocas cosas pueden pagarla.

Siempre mueve su pierna, eternamente, con nervio y con la misma lealtad con que mueve su extremidad es amiga de sus amigos, estando siempre presente, prestando oreja, cabeza y corazón para cada uno de ellos cuando la necesitan. No teme en recibirte en su casa y darte una taza de té cuando las cosas no están saliendo como pensaste. No juzga y a veces dice cosas que se quedan en la cabeza por semanas enteras, como una verdad a la que tiene quieres aferrar o como algo que no quiere ver.

A su pelo crespo y largo junto con una trenza veraniega de la cual aún no se despoja, lo amarra preferentemente con una media cola denotando que difícilmente se influencia por las modas que hablan de lo maravilloso del pelo liso. Más bien a ratos las desprecia alegando que uniforman a la gente y que le quitan personalidad. Busca la originalidad en todo y la cuida como si en eso se le fuera la vida.

Últimamente anda hablando que está pasada en el peso y que para eso usará una famosa dieta, la cual su mejor amiga también usó. Este régimen la tendrá alejada de los carbohidratos por un mes y honestamente, creo que es absolutamente innecesario: yo la encuentro regia. Además dudo mucho que pueda estar lejos del pan o del arroz por más de una semana.

No teme demasiado, cree que la vida está hecha para vivirla. Eso si, tiene terror de sentir que no ha vivido lo suficiente, que no dio todo lo que tenía. No es mentira que quiere hacernos creer que es fuerte y que todo pasa sin afectarle aunque llore con los comerciales de la Teletón. Y en ese intento por ser fuerte, a veces se enreda y cree que siente menos, que es menos frágil aunque eso no sea verdad.

Su forma de vestir es un reflejo de su espíritu relajado. La regla de oro es la comodidad y por eso mismo difícilmente se desprende de sus zapatillas, de jeans o polerones, aunque para ocasiones formales sueña con usar trapos aleopardados y ajustados que dejen al descubierto su anatomía.

Es raro verla sin aros. Y más rato aún verla con anillos. Odia las famosas perlas que actualmente se usan como aros, lo de ella es “mientas más artesanal, más le gusta”. Si esos aros tienen coquitos, raíces, escamas y cualquier desecho orgánico es un deleite para ella.

Dice que se metió a esta carrera con la única expectativa de poder viajar y sacar fotos. No le interesa salir en las noticias, no quiere ser famosa, no quiere ganar plata. Quiere ser feliz y lo tiene tan claro que a veces asusta porque no son decisiones fáciles las que se han de tomar para lograrlo. Pero ella las toma y lo va a lograr".


by Fran.

No hay como callarla, ni quien sepa escuchar más.

Si se para frente a mí lo primero que descubro es su boca roja, no solamente porque es muy carnosa y llamativa sino porque le gusta conversar. Siempre tiene algo que contarme, alguna queja y si no, probablemente alguien por quién sufrir.
Mientras me cuenta acerca de sus últimos sucesos, qué aun no sabe que terminarán como un trauma, yo me fijo en su pelo muy ondulado hasta más abajo de los hombros, aunque a veces se lo alisa no puede esconder los rulos que se revelan después de un lavado con agua y shampoo con olor a vainilla.
Caminamos hacia una banca para sentarnos y seguir discutiendo su problema, después de eso es ella quién se concentra con todas sus ganas para ayudar a quién quiera contarle sus cosas también. Habla fuerte, de vez en cuando pasa que alguien se da vuelta para escucharnos o simplemente se va porque no quiere seguir oyendo conversaciones ajenas.
Llegamos a la banca y con un típico gesto se sube los pantalones al mismo tiempo que se sienta. En todo el transcurso no ha dado ni un solo suspiro, conversa tan fluidamente que incluso puede volverse confuso.
Es muy expresiva con sus manos, sus manos son pequeñas, en la derecha tiene un lunar característico y si no tiene las uñas rojas no se las verán de otro color jamás.
Termina su historia y mirándome con los ojos un poco saltones, pestañeando rápido, de hecho más de lo normal. Está desesperada por un consejo que le solucione la vida, porque se pone nerviosa ante los cambios. Por ella que todo siguiera tan tranquilamente como siempre había estado.
Escucha lo que le tengan que decir, no acepta muchas críticas a menos que sean ciertas personas cercanas, de hecho a quienes ella les haya dado la confianza de hacerlas. Piensa bien lo que están intentando hacerla comprender y siempre llega a la misma conclusión: “ella tiene la culpa”, lo cual es contrario a lo que realmente le trataban de decir. Así vive ella, intentando solucionar cosas que no son para solucionar sino para simplemente dejarlas ser.
Después de dar este errado cierre a su conflicto, toma su botella de agua que nunca le falta y bebe un par de tragos. Se dispone entonces a escuchar, sólo como pocas personas saben hacerlo, el problema lo vive ella, se angustia tanto y más que uno mismo.
Pregunta detalles, te hace pensar, te cuestiona aquellas cosas que normalmente las personas dejamos pasar, te hace reflexionar y después, justo antes de dar el consejo final, muerde un poco su boca, lo piensa con la mirada dirigida a ninguna parte y después hacia ti; te mira con los mismos ojos saltones pero ya no pestañea tan rápido y una frase que más de una vez la he escuchado decir (y qué ganas de decírsela a ella incontables veces): “Naty – me dice - No es tan malo… de hecho lo encuentro bueno”, todo esto acompañado de un par de momentos en que se rascó la rodilla, el brazo y la pierna.
Nunca la he visto después del verano y me he preguntado si toma un color rojo o uno tostado y si eso la hace dejar de ser tan blanca, también se me ocurre que le salen más pecas en la cara de las que ya tiene. Aún así se que pasa tiempo en la piscina, le gusta nadar y según ella es el ejercicio que más te hace bajar de peso.
Nos paramos de la banca, se vuelve a subir los pantalones y caminamos perezosamente de vuelta a la sala de clases. Me pregunta si tengo crema, siempre anda preguntado si alguien tiene crema porque nunca se alcanza a echar en la cara las mañanas antes de salir apurada a tomar la micro; me consta que el problema no es el tiempo que se demora en ella (la micro), sino en el que pierde caminando a la calle por donde pasa.
No fuma y es aplicada (estudia más que muchos y menos que algunos), como a todas las personas a ella le gusta salir, es sociable pero no puede conversar tan fácilmente con alguien que acaba de conocer. Aunque si algún tema en común puede encontrar con cualquiera será la música.
Siempre llega cantando alguna canción y no importa la que le digan, ella sabrá seguir la letra, saberse el nombre y también el autor.
Se las aprende porque las escucha en todas partes, en el auto, en la micro, en los comerciales de la televisión o de la radio, en las teleseries, en los videos musicales, etc. Pero sobre todas las cosas mientras las escucha cuando lee. Lee de todo, libros que no termina, revistas faranduleras, páginas en Internet, datos freak (extraños) de lo que sea y aquello que le consume la mayor parte del tiempo son los Blogs. Los recorre de principio a fin conociendo historias de gente conocida, desconocida o que muere por conocer.
Así es ella, simple, conversadora, enrollada y de una u otra forma siempre feliz.

El comienzo qué tanto importa...

Ese día:

Lo conocí y no podría definir lo que pensé porque no me acuerdo.
Lo besé por primera vez y no podría decir si fue bueno, medio, malo, increíble o fome. Porque no me acuerdo.
Lo miré a los ojos y no podría decir si descubrí verdad o mentira, bondad o maldad, felicidad o tristeza porque no me acuerdo.
Conversé con él harto rato pero no podría decir de qué hablamos, si me interesaba realmente el tema, si me reía de verdad o de mentira porque no me acuerdo.
Quise aprenderme su nombre y no sé después de cuántos intentos y cuántas veces leerlo en su carné pude retenerlo porque no me acuerdo.
Lo tuve cerca muchas veces y lo olí pero no puedo decir si logré definir su esencia, si me gustó o me cargó, si fue dulzón o amargo, su fue rico o hediondo porque no me acuerdo.
Quería retenerlo, no quería que se fuera pero no sé si es porque estaba desesperada, porque me gustó, porque no perdíamos nada o porque vi algo más porque no me acuerdo.

Pero mañana:

Lo veré y sabré si tiene sed, calor cansancio o nada.
Lo besaré y sabré que me gusta que quiero que dure mucho pero no tanto como para no dejarlo con ganas de otro.
Lo miraré a los ojos y sabré que quiere algo de mi, que sus mejillas se contraen si me miente y que cuando dice la verdad le cuesta mantener la vista fija, si tiene pena no me lo dirá y si está feliz irradiará y me contará alguna historia cotidiana.
Conversaremos muchas cosas, de las cuáles probablemente no me acuerde totalmente y cuando le repita una historia esperará que termine la idea general para decirme "si me contaste" y se sorprenderá cuando le diga que le gusta el té frío, no come frutas, no me aprendo los cumpleaños en febrero pero puedo intentarlo y que conozco su cara de mentira.
Me aprendí su nombre completo, he visto fotos que ni él sabe que tiene en FB y le contaré novedades de sus amigos de las que todavía no se entera.
Lo tendré cerca todo el día y sabré que su olor me gusta, que no siempre huele igual pero siempre olerá a él mismo. Sabré también que me siento protegida cuando oloroso su polera y que él también cuando me huele a mi.
No qurré que llegue la hora de irse porque me hace reír, porque me siento tranquila, normal, segura y feliz. No querré que se vaya porque tengo frío, porque la almohada todavía puede tener más de su olor y porque es mi excusa perfecta para hacer nada pero quedándome con el sentimiento de haber hecho lo más importante de la semana. No querré que se vaya porque todavía puedo aprender a adivinar qué almorzó a qué hora y cuantos vasos de agua ha tomado en el día y de pasadita si él se quiere quedar o no.

Yo

A veces no se puede. Por más que lo intentes no se puede. Te quedas estancada como en arena movediza y te ahogas desesperadamente entre más luchas por conseguir que resulte.

Te mueres.

Un suspiro. Y mientras agonizas lloras para hacerlo lento, doloroso, solitario. ¿Por qué? ¿Qué me pasa? Te preguntas una y otra vez, lo grita tu garganta pero no sale por la boca. No hay respuesta, no hay vida, no hay palabras, no tienes nada que decir.

De pronto dejas de llorar y respiras. La arena movediza no te succiona y simplemente dejaste de luchar, pero sigues estancada, no hay como salir de ahí por uno mismo.

Una vez Acuña me dijo, la inspiración es una falacia, un pintor pinta porque los pintores pintan, no porque se inspiran. Pero yo no soy pintora, le dije. No soy escritora tampoco, no soy Naty, ni Natss ni a veces tampoco Natalia.

Necesito ver algo que me haga salir de la tumba que yo misma cabe. Porque no sólo deje de creer en mí misma, en la gente y en lo que tengo, también deje de creer en el talento. En las palabras, en la tinta y en las teclas. Me quedé sin religión.

Algo tengo que haber visto que no quice ver, porque me es más fácil quedarme aquí, echarle la culpa a la arena, a la muerte, al ataúd. Pero no, no soy así, siempre tengo algo que decir, no para alguien, no para nadie, sino por mi, para mi, para acordarme de quién soy, qué me gusta, qué me sorprende. ¿Quién soy?

Esta soy yo. Como cada vez soy yo.

Disfruta

Caminar más rápido no vuelve el tiempo más lento.