Que la estúpida seguridad me abandone.
Déjame en paz, por esta vez, sólo por esta vez necesito sentir que no estoy segura de esto, necesito olvidarme de todo aquello que creía ciegamente.
Caprichos,caprichos, caprichos.
No, no es un capricho. ¿Ves? a eso me refiero.
Seguridad: déjame sola otra vez, déjame vagar por esas tierras llenas de nostalgia, déjame tener más opciones que tomar, deja de robarme el abanico de posibilidades y deja de seguir empujándome al error.
¿Cómo hago para dejar de estar segura de mi?
Que raro, llevo casi 20 años preguntándome lo contrario. ¿Qué pasó?
Pasa que duele, me duele y me carga ser mujer, porque duele todos los meses y molesta y andas mal genio y nunca falta el pelotudo que cuando lo miras con una mala cara te pregunta "uuyyy ¿estás en esos días?" y tú lo odias, lo odias más que a él, más que al dolor, más que a la seguridad.
Quiero dudar de que tiene que ser así. Por favor.
Y una mochila pesada en mi espalda,
y metro,
y mis amigas,
y bus,
y música,
y el terminal,
y caminar,
y no saber que comprar en "La Lica"
y un taxi,
y una amiga alegando que está cansada,
y la otra que no quiere pagar tres gambas al taxista,
y caminar,
y achuntarle a las llaves,
y Don Joel esperando,
y la casa aún no está pintada,
y sorpresa, el color no me gustó tanto como esperaba,
y limpiar,
y algunas que se niegan,
y otras que se alteran,
y 4 días para 20 años,
y veinte ya,
y amigas, amigas, amigas,
y llamadas por teléfono que no llegarán,
y llamadas por teléfono que no pensé me harían,
y mi papá que se acaba de enterar que me fui a la playa,
y feliz cumpleaños,
y un tekila,
y amigas,
y la insolación de ayer y antes de ayer,
y el bloqueador,
y las fotos,
y la casa siempre fue chica para todas nosotras,
y sin quejas,
y sin política cochina,
y sin sufrimientos,
y mis amigas,
y música,
y ordenar,
y nos vamos.
y Feliz Cumpleaños,
y Feliz Navidad,
y una mochila pesada en mi espalda,
y ropa más liviana,
y un saco de dormir,
y actividades,
y niños,
y cargar buses,
y el himno de la mananda,
y los papás despidiéndose,
y los niños gritando,
y cuánto queda Raksha?,
y llegamos,
y armar campamento,
y faltan carpas,
y no tengo ganas de pelear,
y soy feliz,
y estoy cansada,
y no lo noto después de 4 días,
y juegos,
y niños,
y amor,
y feliz navidad de nuevo,
y flor roja,
y adiós a los que se van,
y lloran,
y empiezan una nueva etapa,
y empezamos una nueva etapa,
y armar mochilas,
y desarmar campamento,
y partimos,
y descargar buses,
y mi mamá me pasa a buscar,
y una ducha,
y mi cama,
y feliz,
y soy más feliz,
y feliz año nuevo,
y no espero tener una mejor manera de terminar el 2008,
y estoy segura que será la mejor.
Si te enojas con ella todos los días ¿cómo pretendes que no te devuelva la mala onda?
Imagínate fueras ella y "alguien" te dijera todo el rato que eres como la mierda. Obvio que se enoja y te pone más piedras en el camino de las que puedes esquivar.
Deja de tirarte mierda a ti misma y a tu vida, déjala fluir un momento, de a poco las cosas se van poniendo mejor.
Sonríe, viene el verano y por andar alegando todo el día se te va a hacer corto, y ahí va de nuevo el ciclo: que la U, que tu mamá, que los hombres, que el tiempo y los exámenes y tan cortas que fueron las vacaciones.
La solución es reír y quererla.
Quiérete.
Hay mil maneras de sentirse bien.
He descubierto, en mi esencia masoquista, que la mejor es cuando me duelen de los pies, me pesan los brazos, tengo rojos los ojos por dormir poco, me molesta la espalda por cargar cosas, no obstante todavía me puedo reír.
Ser explotada por más de 12 horas de trabajo un día sábado, con una paga de $500 pesos la hora es nada, porque mi árbol de navidad quedó realmente ¡hermoso!.
Estaban sentados unos puestos más adelante del mío, en esos asientos de la micro que van al revés, entonces yo los observaba.
Me gusta averiguar de qué habla la gente, qué hacen arriba de la 507, para dónde van, cuando se bajarán, su vida familiar, hace cuanto tiempo compraron sus zapatillas y un millar de cosas más que a nadie suelen interesar.
Parecía que hablaban de música, de hecho uno de ellos tenía una guitarra afirmada fuertemente con sus manos, mientras el micrero poco se apiadaba de la gente que no iba sentada o ni aferrada de nada; algunas mímicas como de estar tocando la batería me hacían pensar que hablaban de música. Sí, definitivamente eso hacían.
Uno de ellos era hasta bonito, el que llevaba la guitarra, quizás era por eso que me fijé en él, los otros dos no estaban mal, pero ¿tendrían más años que yo?. No, no creo, quizás habían dado la PSU hace poco, ¡¿qué me pasa?! estoy muy vieja para andar encontrando "bonitos" a los "niños" que se suben a la micro.
De todas maneras los seguí observando, uno era bien desteñido y le hablaba y hablaba a su compañero, hacía gestos con las manos, qué se yo que le decía en ese momento.
Hasta que hablaban del calor, lo deduje porque uno hizo un gesto para que el rubio abriera más la ventana y éste se paró y la ventana no corrió. Luego se rió y algo le dijo a su compañero, algo que no necesité escuchar para reírme también al poco rato.
El rubio registra su mochila y saca algo que primero juzgué como una varilla, pero el loco la abre, sí, la abre y lo siguiente que hizo fue hechares viento con ese lindo e inesperado abanico.
Tengo algo para escribir, pero no sé si quiero contarles.
Es uno de los fenómenos de amor que más me impacta.
Más que esa pareja que no puede dejar de mirarse en la micro, más que unos niños de 10 años dándose un beso en la mejilla y poniéndose colorados, más aún, que la obsesión obsesivamente obsesiva que alguien ha sentido dentro suyo, más que una pareja de abuelitos caminando por la plaza y tirándole migas a las palomas mirándose como si fuera la ultima vez, más que unos jóvenes recién saliendo de la Iglesia mientras los llenan de arroz, me ha llamado la atención más que una lágrima, que un perdón y que un abrazo eterno de amor.
Porque no es posible no sentir otra cosa que eso, en el aire mientras caminabas al banco el sábado para donar plata a la Teletón, porque no se puede negar que todos sonríen, que todos lloran, que todos se impactan una y otra vez con las historias, con las verdades, con los 2 mil millones que esos sujetos dieron con fines populistas, buenos, interesados, desinteresados, no importa, están ahí para la Teletón.
Es imposible no mirar positivamente el mundo en esos días.
Es amor. Es amar.
